Mil pedazos

Mi abuela tenía una casa de abuelas, esas donde los nietos aprendemos, junto con mamá y papá, las palabras bargueño, aparador, laqueado, tallado a mano, tapizado, vitrina y esmerilado. Pero mi historia se remite a estas dos últimas: vitrina y esmerilado.

 Desde pequeña, apenas llegaba a la casa de la Gina, iba corriendo a ver la vitrina. Nada brillaba más, en el mundo, que esa esquina encantada. Puerta y paredes de vidrio, uniones de madera lustrada, patitas hechas a mano y esa pared del fondo, espejada, donde aparte de ver mi reflejo, veía también el de todas las reliquias que allí se refugiaban celosamente. Las copas brillaban. Copas de todos los tamaños, formas y grabados. A esa edad yo no sabía que existía una cavidad diferente para los distintos tipos de líquidos a ingerir.

 En aquella vitrina también había muchos adornos. Y lo que más me llamaba la atención es que casi todo era transparente, blanco o de algún color muy clarito: vidrio en su mayoría. Pero por ahí, en un lugarcito entre toda aquella irradiación, aparecía algo opaco, color verde ojos de abuela: una azucarera de vidrio esmerilado. Una base gruesa contundente y el vidrio que se va afinando hasta llegar a un borde sutil, finísimo, perfecto. Los accesorios: una diminuta bandejita y una cucharita tan delicada que hasta el azúcar hubiera quedado grotesca en ella.

 No se de qué edad hablo, pero desde tiempos inmemorables esa azucarera era mía. Cada visita a la abuela, me quedaba unos minutos contemplándola y preguntando si aún era mía. Todos los días, de todos los años, mi abuela ratificó la herencia. Cuando dejara de vivir con mis viejos esa azucarera se iría conmigo.

 Y llegaron los felices 25 conocí a Pablo y entre miles de idas y venidas decidimos convivir. Me dijo “mudate ahora”, adelantando un proyecto al que le faltaban seis meses. Me lo dijo un 20 de febrero. Hace nueve años. Recibí regalos/donaciones/herencias de todas las casas de todos los parientes. Y recibí en mano la azucarera. Hasta ese momento la había tocado una o dos veces, cuando mi abuela accedió a sacarla para verla de cerca. Esa azucarera de mis sueños, marchó entre diarios y cajas, entre platos cachados y vasos viejos que otros no usaban. Viajó en un Fiat Europa de mis viejos, ese que se hizo siete u ocho viajes para llevarme todo TODO.

 Y en el último de los desembales, cuando el sueño ya se estaba cumpliendo, una caja rebotó contra el piso, y sólo una cosa cayó, hecha mil pedazos. LA AZUCARERA VERDE OJOS DE ABUELA DE VIDRIO ESMERILADO. Y ahí estaba yo, llorando los pedacitos, dejando mi infancia atrás.

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Acerca de Remalamadre

Mamá de dos
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5 respuestas a Mil pedazos

  1. Vero… nunca dejes de escribir… pero sobre todo, no olvides dejar tu alma en esas letras. Me encanta que hayas vuelto con este post con aroma a infancia y a casa de abuela. Rememoré la mía con la vista empañada. Lo degusté de a poco entre mate y mate. Y te quise un poco más de lo que ya te quería. GRACIAS! ♥

  2. sí, de mis post preferidos. leía y pensaba que tenía que ir hasta tu casa a tomar un mate dulce, dulce por el azúcar de esa azucarera. las cosas se harán mil pedazos, lo que significan no.

  3. pequeboom dijo:

    Ayyy qué pena! Yo nunca conseguí que me regalaran el objeto preciado de mi bisabuela 😦
    Qué post tan precioso y emotivo 😉

  4. matildas dijo:

    precioso, como siempre… imágenes nítidas y hermosas. muy bella observación de @estaquetepario 🙂

    mi abuela longeva que ya no está y extraño mucho amaba atesorar.
    además del anillo corazón dorado con sus iniciales que le regalara su abuela para sus quince y que ella me pasó cuando yo cumplí los míos, y que guardé x temor para luego ponérmelo y no sacármelo al fracturarse ella la cadera (a lo q le tenía pavura mas se recuperó como diosa que era)
    además decía, toda su casa era fuerte. la chimenea esquinera con lajas y cada cuarto con piedras distintas en el piso y paredes. la construyó su padre.
    cuando murió lo constante eran sus manos (hasta ahora las veo y siento). así que lo único que quise fue su legendario cuaderno agenda para ver cuando quisiera su letra caligrafía, el libro de canciones infantiles tapa dura dibujos grabados a fuego melodías inventadas, y un par de cosas que yo le había regalado (yerbera, pashmina de lana artesanal -abrigo-, y creo que nada más)

  5. Flor dijo:

    Q lindo Post Vero! Q linda la abuelitud así recordada. Me hiciste pensar en la abuelitud de mi abuela en mi infancia. En pocos días llega xa estrenar en persona bisabuelitud. 😀 estoy ansiosa y feliz!

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