Los 15 días que me convirtieron en madre


Antes que nada les sugiero leer mi post “Ochomesino” como inicio de este relato.

Cuando parí y me convertí en esta que soy hoy me dediqué a pelearme con el mundo y odiar a todos. Las interacciones humanas me provocaban mucho malestar y convertí mi dormitorio, con sus cuatro paredes, en la trinchera que necesitaba para sobrevivir.

A riesgo de ser calificada de #malamadre por propios y ajenos, hice lo que quise, lo que me había propuesto, contra viento y marea. Era una ferviente militante, estudiante y fundadora, junto a otros entre los cuales está el papá de Milo, de una biblioteca de formación política, y no iba a dejar de hacer nada por tener un hijo, lo llevaría a todos lados y siempre estaría con nosotros, como lo hizo desde la panza.

Milo nació el 21 de marzo de 2011 a las 7.27,  un lunes muy caluroso. Se lo llevaron dos horas a neo porque no regulaba la temperatura, y yo estaba agradecida de no tener que atenderlo. El cuerpo me quedó temblando durante esas dos horas, cuando lo trajeron estaba agotada. No dejaba de mirarlo, pero no sabía qué sentía. Recién a las 9 de la mañana Pablo empezó a avisar que Milo ya estaba entre nosotros. Odiaba tener que recibir gente. Odiaba que Pablo saliera cinco minutos para fumarse un pucho, a pesar de que estaba a mi servicio 100%.

El martes nos dieron el alta, los dos estábamos bien, el pediatra nos recomendó que llevaramos sin falta al baby a la pediatra al otro día, por su prematurez. Esa noche armé el coche con huevito que tenía desde el mes de embarazo y nos fuimos al super. Ahí me dí cuenta que no podía caminar, mucho después supe que tenía que hacer reposo. Por la calle los vecinos nos felicitaban y nos cagaban a pedo por sacarlo tan chiquito, pero yo le había preguntado al pediatra si podía sacarlo a la calle y me dijo que sí. Hasta las cajeras del super gritaban “ayer nació!!! y ya anda en la calle”. El comienzo del fin.


El miércoles amaneció con el diluvio universal, estábamos en semana de pascuas (que para nuestro ateismo sólo significa que era el último día hábil), y fuimos a la primer consulta. La pediatra un amor, recomendada por la obstetra, lo único que le vio a Milo fue la naricita amarilla, nada que no se solucione con un poco de sol (más adelante sabríamos que tb se necesitaba una semana de tortura). Nos mandó los análisis de bilirrubina y cuando tuviéramos los resultados que se los llevemos. Último día hábil, los análisis se harían el lunes a la mañana recién. Ese día volvimos a casa y ahí me di cuenta que Milo no comía y no orinaba bien. Lloraba de hambre, a mi las tetas me explotaban pero no salía una gota. Mi marido sugirió llamarla a la hermana, reciente madre, para darle la teta y estallé en llanto, no me separé porque él se bancó estoico las puteadas hasta que me calmé. La llamé a mi hermana y me dijo que me ponga la bolsa de agua caliente para aflojar, o que me pegue un baño. Esa noche Milo estuvo tomando la teta dos horas seguidas sin parar.

El jueves, 24 de marzo estaba el acto en la sede del Partido y después la marcha de todos los años. Obviamente fuimos. Como lo primero era en un lugar cerrado le dije a mi mamá que busque al bebé, que se lo lleve dos horitas y me lo traiga. Ahí empezó el calvario: “esta parió hace dos días” “¿y el bebé?” “eso no se hace, no se lo deja tan chiquito ni se lo saca a la calle, yo lo hice y hasta el día de hoy me lo echan en cara”. Y yo pensaba para mis adentros, “jodete vieja de mierda”. Y pasaron las dos horas, entre críticas y consejos, y terminó el acto…y Milo no venía. Lo empezamos a extrañar… Fueron 15 minutos en los que me sentí necesitada de él. Por ahora, sólo esos 15 minutos. De ese fin de semana no me acuerdo más.

El lunes temprano le hicimos el análisis, según la bioquímica Milo ya estaba verde de pies a cabeza, yo no sabía si eso era grave o no. A las 6 de la tarde nos tendría los resultados. Ese día fuimos a la Facu, abrimos la biblioteca y estuvimos ahí presentándolo en sociedad. Todos me conocían por la panza. Todos sabían que era muy pronto. Entretenidos en la novedad del infante, a las seis menos cuarto me acuerdo que tengo que llamar al laboratorio. La bioquímica casi me denuncia por abandono de persona, diciendo que estuvo todo el día pensando que no tenía como comunicarse con nosotros, que Milo tenía los valores por las nubes. Nos fuimos a la pediatra rajando, apenas lo vio y le dije los valores nos mandó a la Clínica para internarlo. Fuimos, equivocadamente, a la clínica donde nació. Primero no lo recibían para internación porque no teníamos los análisis en mano, así que le repitieron las pruebas ahí mismo y los valores le habían subido, supongamos, al triple. Lo internaron inmediatamente, todos te dicen que la lámpara no es nada, que son tres días y listo. Pero nosotros volvimos a casa con el cochecito vacío.

Esa noche pensé que iba a descansar lo que hacía una semana no podía. Pero no dormí en toda la noche. Tenía que estar temprano al otro día en Neo y no veía las horas de volver a ver a mi bebé. Lo estaba empezando a querer más. Los horarios de Neo son, cada dos horas para la madre que se saca leche y le deja, el padre puede ir sólo en un horario de la mañana y en uno de la noche. En los otros va la madre sola.

Cuando entré a esa sala, lo ví, con los ojitos tapaditos, la lámpara de tubos fluorescentes en la cara, todo desnudito. Morí de amor y de terror. Ahora, que no podía, quería alzarlo, besarlo, apretarlo, tenerlo en casa y que me despierte. No me importaba no dormir nunca más con tal de que esté conmigo. Ese día se hizo eterno. El otro día también. Encima no comía, bajaba el peso y las esperanzas de que se termine pronto. La Neo existe a base de números. Que aumentó tanto, que comió tanto, que le pusimos tanto de esto y tanto de lo otro. Odié a las enfermeras que te trataban como lisiada pero a la vez te cagaban a pedo, otra vez dando vueltas el concepto de #malamadre. No me salía una mierda de leche, mientras las otras llenaban dos o tres mamaderas. Las otras se la pasaban rezando y yo no. Sólo quería despertarme y sacarlo de ahí.

Milo, supuestamente, estaría hasta el jueves con lámpara. El miércoles, por rutina decían, lo ve el cardiólogo y le encuentra un soplo en el corazón. Cosa común en los prematuros, dijo. Tres días de ibuprofeno serían suficientes. Miércoles, jueves y viernes. Un día más. A respirar hondo. Milo seguía sin querer comer, no tomaba ni teta ni mamadera, y bajó de peso. Por debajo de los dos kilos, motivo suficiente para no salir de Neo. Al otro día ya lo recuperó. Pero tomaba sólo de a poquito. Le pusieron suero.

El jueves estaba un poco mejor, a la tarde iría el cardiólogo a hacerle el control de rutina, y el viernes sería el último día de ibuprofeno. Mis nervios estaban controlados. A todo esto nunca dejé que nadie, ni familia ni amigos, se acercaran a la clínica, sólo íbamos Pablo y yo. Con los otros hablaba por teléfono, siempre y cuando quisiera atenderlos. El enojo de los otros no me importaba. Yo quería estar lo más cómoda posible en mi vida de mierda. Ese fue un día tranquilo, proyectábamos la salida, el reencuentro, quería verle los ojos a Milo. Quería sacarlo ya de ahí.

El viernes llego al horario correspondiente. Y encuentro la cunita vacía y la lámpara apagada. Milo no estaba y nadie me decía nada. Empecé a mirar para todos lados. Sólo había incubadoras. Pensé ilusamente que lo estaban preparando para el alta. Se acerca una enfermera y me dice: Milo está acá después el médico te va a dar el parte.

Ese fue el momento más terrible de toda mi vida. Cuando me doy vuelta, lo veo en una incubadora, con una sonda nasogástrica, una sonda vesical, suero, y el aparatito de la incubadora que va dando números y sonidos que nadie entiende. Salí corriendo de ahí y lo llamé a Pablo por teléfono. Milo no orinaba bien, vomitaba, no comía y el soplo no se le había cerrado lo suficiente, además no regulaba solo la temperatura del cuerpo. Lo esperé frente a la clínica llorando desconsoladamente y llamándolo para que apure el colectivo, los minutos…la vida….

Cuando llegó nos abrazamos llorando, no lo podíamos creer…Nos fuimos a verla a la doctora que, hada madrina, además de la pediatra de la mutual era la auditora. Todas las autorizaciones de estudios e internaciones pasaban por ella. Llegamos llorando a contarle lo que había pasado, hizo unos llamados y nos dijo que no era nada grave. Que ella iría a la tarde a verlo pero estaba mal visto que algún médico de afuera del equipo se metiera.

Nuestra pediatra decía: no regula bien la temperatura pero eso es normal para un prematuro, tiene un poquito de reflujo, no orina porque no come y lo del soplo se trata ambulatoriamente.

Clínica: no come, vomita, está frío, no orina, tiene un soplo grande.

Ahí supe, que cuando un bebito cae internado por un problema x, aprovechan a hacerle todo el acondicionamiento para que salga “como nuevo”, pero lo que no te dicen es que eso aumenta los días de facturación por internación, por estudios. Cuando le pregunté a la directora de Neo si tenían horarios para dar los altas, me dijo que de mañana porque así cobraban el día entero.

La pediatra de Milo les exigió a los médicos que le saquen la sonda vesical porque se podía agarrar alguna infección, que le bajaran la dosis de suero que era altísima y por lo que estaba reteniendo líquidos (se nos hundían los dedos en las piernitas... ese suero Milo tardó dos semanas más en expulsarlo) y que lo saquen de la incubadora para observar si regulaba temperatura. Cuando fui al último turno de la noche, el médico me dijo que Milo vomitaba mucho y que le iban a hacer un estudio con contraste que decidiría si era para operar o no. Que podía ser el conducto del estómago hacia el intestino que estaba cerrado. A todo esto, cada vez que tenía la oportunidad de estar con Milo, lloraba a mares y le decía al oído que lo extrañábamos, que papá y yo no queríamos que él estuviera ahí, que íbamos a ser felices juntos.

Cuando me dijeron lo de la operación lloré mucho, entregué el bebé a la enfermera y salí corriendo una vez más. Lo llamé a Pablo por teléfono y le dije que viniera a la clínica. Ahí exploté. Empezamos a caminar para ir a casa y me agarro un ataque de histeria….lloraba mucho y gritaba: “me lo quiero llevar, vamos a buscarlo, quiero que esté conmigo” “no lo quiero dejar ahí, vamos a buscarlo, yo lo voy a curar”. Pablo, estaba ahí. Me abrazaba. Me consolaba. Ahí supe que nunca, pase lo que pase, nos íbamos a separar. Llegamos a casa y llamé a la doctora. Me dijo que Milo tenía reflujo, que ella no iba a autorizar el estudio ni mucho menos la operación porque esas son cosas que se tratan ambulatoriamente, igual que lo del soplo. Que estos se estaban aprovechando asustándome para cobrar más días de internación. Esa noche me bañé y dormí bien. Al otro día me pondría el traje de guerrera y pelearía contra todos los que me nieguen estar con mi bebé.

Llegamos a la clínica a la mañana del sábado, esta vez dejé que mi mamá llegara hasta la puerta de Neo. Pasaron por delante nuestro con Milo en brazos, casi corriendo, agazapados. Golpeé fuerte la puerta y me dijeron que lo llevaron a hacer un estudio. Le hicieron nomás el estudio de contraste. Lo cobraron. Llamé a la pediatra y me dijo que ella no se podía meter más ahí. Que ahora me correspondía a mí. Ella había dado la orden que lo saquen de la incubadora, que le saquen la sonda y el suero. Para ella ya estaba de alta y para el cardiólogo también. Yo tenía que lograr el alta.

Cuando tuvieron el resultado del estudio nos llamaron. Milo había pasado los 2.400Kg (mucho era de líquido), el estudio dio bien, sólo tenía reflujo. Le sacarían todo durante la tarde, unas cinco horas, y cuando yo fuera a la visita de las 19:30 me dirían si ya estaba listo para salir. Llego ansiosa a la visita, paso para cambiarme, pero lo veo de costado que estaba igual que a la mañana. Con las dos sondas, la incubadora, el suero.

Pedí que llamen a la directora de Neo urgente. Pensé en romper vidrios y llamar a la prensa. Hablamos con  Pablo de hacer quilombo, buscar conocidos que nos ayuden. Pero un minuto de racionalidad me hizo pensar: “yo no puedo hacer ningún tipo de lío porque me sacan de la clínica. Yo tengo que estar acá y hablar con esta yegua y lograr que me den a mi hijo. Pero hoy no vuelvo a casa sin Milo”. La viejademierda, que no entiendo como puede estar a cargo de esos bebitos, tardó una hora y media en venir. Y me dijo “que pasa mamita” “cómo que pasa, usted tenía que probar durante toda la tarde que Milo hiciera funcionar solito su cuerpo bajo inspección médica para poder darle el alta” “pero quedate tranquila mami, nosotros le sacamos todo ahora, lo observamos a la noche y mañana te lo llevás como nuevito” “noo, yo me lo llevo ahora, porque vos lo querés dejar hasta mañana para cobrar un día más de internación y yo no voy a exponer a mi hijo a que siga estando acá” “ah no!! (se ofendió, la hijaderemil se ofendió) yo no voy a permitir que me acusen de nada. Ahora mismo te firmo el alta y te lo llevás, yo no quiero retener al hijo de nadie”… Se metió adentro para que lo preparen…Y yo en ese momento supe que siempre iba a ser así, que siempre iba a gritar y a patalear para defender a mi cachorrito…y que nada vale más que mi intuición… estaba dispuesta a salir corriendo si le pasaba algo esa noche pero quería sacarlo de ahí. La directora de Neo me miró con sonrisita socarrona mientras me iba. Esa noche, Milo no soltó la teta ni un segundo y se alimentó así exclusivamente hasta los seis meses. Tuvo reflujo, yo dejé la facultad  y me seguí peleando con todo el mundo. Ese día supe que todos se equivocarían cuando me dijeran #malamadre.
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Acerca de Remalamadre

Mamá de dos
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13 respuestas a Los 15 días que me convirtieron en madre

  1. Chivi dijo:

    Te leí anoche desde el celu y me hiciste emocionar.Yo a veces tengo ganas de que Cata se adelante porque no me aguanto la ansiedad de verla y tenerla, pero después pienso en las complicaciones que podrían llegar a surgir por eso y la ansiedad se me pasa enseguida. Debe ser muy difícil ver al bebé tan indefenso, todo enchufado, y sobre todo, lejos nuestro.También pienso en sacarla desde el primer día, sin importar qué me digan los demás, siento que nada nos va a detener.Así que una biblioteca de formación política? Suena bien! Martín estuvo a cargo del centro de formación política para jóvenes, pero duró poco por unos inconvenientes. Igualmente está terminando de cerrar un trato con un local para establecernos ahí y empezar de vuelta con todo :)Te mando un beso grande, y toda mi admiración por esa fortaleza

  2. Mona Lisa dijo:

    Yo también quería que nazca antes porque no tenía idea!! Dejala que se quede todo lo que quiera y apenas salga mostrale el mundo y enseñale a comerlo…Te paso para que leas algo de la biblio…dsps avisame si pudiste entrar http://www.facebook.com/AlternativaDelSur/info… Besotes!!

  3. tengo la piel de gallina, y soy una laguna de lágrimas. te leí cortado, entre el almuerzo, la siesta fallida del nenito, las corridas por el patio. iba y volvía con ganas de saber más de esta historia. escribís hermoso, sin dudas. y ese mundo médico es una selva terrible, impenetrable, dolorosa. una confía y a la vez teme. guerrillera del amor, recontra #malamdre: te abrazo fuerte.

  4. Mona Lisa dijo:

    Gracias Angie! Te quiero a la distancia y los rayos de sol que entran por tu ventana nos llenan de calor a toda la tribu…Te abrazo más!!

  5. Anonymous dijo:

    Muy bueno el post. Escalofriantes algunas cosas, muy humanas otras. Todas las axperiencias pueden enriquecernos. Espero que ahora esté todo bien. ;)Cecilia

  6. Uffff cuanto te entiendo! Si bien Nunu no estuvo internada tanto tiempo, para mi fue una tortura y quería matar a cada persona que se le acercaba… Increíble como salen las garras cuando el cachorro esta mal! Si eso es ser malamadre lo soy con orgullo. Besote!!!

  7. Lara López dijo:

    Qué belleza de madre, con tus ideologías, tus miedos, tus locuras, sea lo que sea que se te enfrente, no te olvides de que esos dos hombres que tenes por familia son muy afortunados. Gracias por compartir momentos tan íntimos.

  8. Mona Lisa dijo:

    Besotes para ustedes bellas!

  9. Mona Lisa dijo:

    Gracias por comentar Cecilia!

  10. floris dijo:

    Me encantó. Me sentí identificada con 'Yo quería estar lo más cómoda posible en mi vida de mierda'

  11. Mona Lisa dijo:

    Tal cual…una quiere su vida, sea como ésta sea. Besos Floris. Gracias por pasar.

  12. Nenaaaaa… piel de gallina y la remera de Muriel mojada porque me puse a llorar como una boluda con ella en upa!!! #malamadre a mucha honra, che!

    Un abrazo, genia!

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