Mi amiga del alma


Anoche mi amiga del alma me dio la noticia de que está embarazada.
Sí, esa, la Gaby, la de la secundaria. La que me invitaba a su casa a la salida de la escuela y me veía devorarle todo el pan con dulce de leche. Esa que andaba en moto antes que todas, que tuvo novio antes que todas y que se hacía amigos en la calle. La Gaby, la que nunca se llevó materias pero que tampoco era traga. La que tenía un carácter de mierda (bueno, lo tiene) pero siempre te daba una mano; con la que le hacíamos la pasadita al amigo del novio de una amiga y con la que fuimos a la casa del susodicho para “charlar”. Una amiga con la que nos mandábamos cualquiera.

Con ella nos enamoramos, nos separamos, lloramos juntas nuestras guampas (las de las dos) y fuimos cómplices de infidelidades (las de las dos). Nos enojamos por el pedazo de pajero que la otra tenía de novio y refregamos cada ruptura con un “te lo dije” gozozo.
Es esa, la Gaby, la que me invitaba a comer cuando su madre hacía lengua a la vinagreta. La que sabía, más que mi vieja, que cosas no tenía que ofrecerme porque no me gustaban. La que iba a bailar de jueves a domingo pero organizaba salidas especiales para mí que odiaba los boliches. La que hasta el día de hoy sabe que para comer helado conmigo hay que ir a DaCol.
Mi amiga de siempre, la de 20 años, es esa que me acompañó en mi tempestuosa mudanza y convivencia; la que fue testigo de cada frustración del no-embarazo durante tres larguísimos años; la primera que se enteró del positivo y
a la que elegí como madrina de mi hijo y me olvidé de avisarle que no lo iba a bautizar. Esa que calló estoicamente los datos de mi casamiento, porque sabía que era secreto, y en el que ella fue testigo.
La Gaby es de esas amigas que saben todo de una, hasta la peor mugre que se arrastre del pasado. La que se banca mis desplantes y me baja los decibeles cuando estoy pasada de vuelta. Es esa con la que viajamos juntas a conocer la cancha de River.
Ella, mi amiga, la que se operó la nariz y se puso ortodoncia a los 30 y quedó hecha una diosa. La que consiguió su casa y no se quería quedar sola. Esa amiga con la que me quedaba a dormir porque nunca terminaba de mudarse. Esa que eligió hombres y los conquistó y después no se los pudo sacar de encima. Esa que me quiere incondicionalmente.
La Gaby, mi amiga, es esa que además de vivir su vida ha vivido la mía; y su test positivo es el mío.

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Acerca de Remalamadre

Mamá de dos
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3 respuestas a Mi amiga del alma

  1. me perdiste en ese amor que se tienen. es hermosa la vida con las gabys de cada una. y qué necesarias se vuelven! abrazo nena.

  2. matildas dijo:

    aunque no lo creas, se me borró OTRA VEZ un comentario antes de mandarlo. hacía referencia al post de los 15 días. y te contaba del eje al q vuelvo cada vez q me posiciono en madre, o sea en adulta responsable de una criatura indefensa, que además es (soy) la única que sabe qué es lo que mi hija necesita. y después venía el relato de la necesidad de irme de la internación (sin complicaciones) cuando nació. que dejaran de pasar enfermeras y puericultoras cada 2 hs. con teorías distintas que no precisábamos (tantas). y de la preocupación de mi hermano sobre qué iba a hacer sola con una recién nacida. y la explicación de que lo único que quería era estar en casa con mi hija sin que nadie nos rompiera las pelotas.bueacá es cuando pego la parte de este post hermosísimo donde contás que gaby sabía qué no te gustaba de comida mejor que tu mamá. felicitaciones a las dosni reviso lo q escribí a ver si se borra

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