Noticias parroquiales

Por Lucas Carrasco

Tenía muchas ganas de tenerlo, volver a leerlo y compartirlo. En honor a esa amistad y a este amor. Gracias Lucas.

Aunque estuve a punto de casarme, porqué la gente se casa es para mí todo un misterio. Hoy fui a  la oficina, pagué toooodo lo que le debo a la AFIP (ya pueden trasladar esa guita en subsidios al empresariado ineficiente del campo), lo llamé a Patucho porque siempre te cuenta algo divertido, hablé con Gabriel Giménez, con mi amigo David, y con Pablo, que fue de visitas.
Hace varios años que soy amigo de Pablo. Un poco menos, pero bastantes años también, de Verónica. Nos hemos metido en las aventuras más insólitas -ellos saben que viajar conmigo es quedarse sin plata, vivir aventuras extenuantes e imposibles (soy un zorro peleador, inevitablemente) y en general, decir muy lindo todo pero esa vida adolescente ya fue. Qué pequeña es la luz de los bares.
Así que se juntaron, Pablo y Vero.Mis novias, queridas, entrañables, inmortales, pasaban y ellos seguían juntos. Una excepción. Porque además jugaban juntos este mismo juego, tan cambiante, divertido, de a ratos amargo y frustrante del reino de la cosa pública. Y jugábamos juntos.
Después nos fuimos haciendo viejos y nos contábamos las mismas anécdotas, allá en el tiempo, donde éramos más luchadores, más soñadores, más, no sé, mejores. Más mejores. No se dice así. Al rey de la nostalgia le da un poco de cosa, pero vaya si pasamos historias locas, alocadas, y de las otras, más grises y burocráticas como esperar un llamado telefónico.
Más lentos y medidos, menos audaces, un poco más responsables, las viejas ilusiones se fueron achicando, acomodando como un empleado público a la realidad chiquita que existe. Que no brilla, que no duele, que no convoca a gestas, que apenas si da culpa.
El amor es un refugio y han decidido casarse.
Mañana, a las 11 hs, en el registro civil. Han decidido potenciar la mística y las ganas. Los envidio. Aunque me sienta, como afuera de la fiesta, qué grandes, chicos, qué grandes.
El compañero Carrasco va a sacarse el pelo del hombro, posiblemente se afeite y lleve camisa blanca.
Irá sin compañía. Saludará a los familiares, los amigos en común, las cosas entrañables, y luego, seguramente, beberá más de la cuenta y dirá algo fuera de lugar y nadie, pero nadie, ahí, se sentirá sorprendido o enojado. Porque su casa es también parte de mis recuerdos. Así que, con arrogancia, la considero un poco mía.
Voy a levantarme temprano, hay un bar acá cerca en Santa Fe donde desayuno y leo el diario Clarín, después me voy a tomar el cole a Paraná. Enfrente de la Casa deGobierno, al lado de la sede de los milicos federales, está el registro civil.
Capaz que tiramos arroz de los bolsones que supimos repartir. Capaz, incluso, al compás del amor vuelvan las viejas ganas de que sino se puede cambiar el mundo por lo menos, que se pueda, pegarle una patada en el culo. Una gran, y de puntín, una gran patada de una noche intransigente, que todos los luchadores tiernos se merecen. Una gran patada en el culo a la suerte, por lo que nos dio y por lo que nos sacó.
Cuando ustedes se casen, de verdad, siento que algo ganamos. No sé qué ni porqué, pero algo, lo siento ahí arriba y abajo, algo ganamos.

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Mamá de dos
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