Las mujeres y los niños primero…

Mucho se habla en la actualidad ( y es bueno que así sea) de los derechos de las mujeres en ámbitos laborales, sociales, culturales; pero es muy difícil al momento de trasladar esto a la cotidianeidad encontrar una explicación aceptable para todos acerca de los roles que desempeñamos.
Antes que nada, tenemos que reconocer que venimos de generaciones y generaciones machistas en las cuales también se educaron nuestras madres y abuelas, con esas mismas ideas que incluso las convierten en víctimas y victimarias. Y es que esta cultura en la que nacemos, vivimos y morimos tiene un discurso perfecto, cerrado y casi sin vacíos para explicar el porqué de las diferencias entre varón y mujer… Empezando por las religiosas y terminando por las físicas, es mucho más probable que un hombre mate una mujer.

Todo esto viene a cuento de una discusión en facebook acerca de la educación en el amor que hemos recibido como mujeres. Y es que la discusión tenía que ver con los límites de acciones que hay que ponerse al momento de conquistar a alguien o demostrarle el amor. Y se que todos vamos a estar de acuerdo en condenar los femicidios, pero nada hacemos en nuestra construcción diaria del discurso cuando acusamos constantemente de feminista o excesivos los reclamos de una mujer en cuestiones sencillas y diarias.
Y decía (yo decía) en ese debate, que a las mujeres nos han educado en pos de comportarnos como “señoritas” recatadas, que debemos querernos y respetarnos a nosotras mismas y no rebajarnos, ni siquiera por amor. Así, nos pasaríamos décadas y generaciones sentadas al lado de un teléfono que no suena, esperando una carta que nunca llega o un Me Gusta que nos es negado. Pero creo que este adormecimiento en el que hemos sido enseñadas, este conformarse con lo que el otro decida, este aceptar la derrota y la mediocridad que nos toca, no hace que vivamos sino que la vida se nos pasa de largo. El hombre se coge a una mina, la conquista, la enamora, la seduce y la recupera…la mina está ahí, impasible, recibiendo…resignada…
Y es por esto, continuaba, que siempre escuchamos de boca de los hombres contar cuánto les costó conquistar a una mujer, que estuvieron dos años seduciendola, mandandole flores, que le hicieron un pasacalles…pero nosotras no hacemos esas cosas, porque nosotras nos queremos y no nos rebajamos. Si el hombre te llama todos los días es un divino, si lo hacemos nosotras somos unas hinchapelotas; si te hace regalos es un dulce, si se los hacemos nosotras somos unas empalagosas y asfixiantes; y así nos mantenemos intactas, con una lágrima pintada en medio de la mejilla que nunca deja de caer por ese amor que perdimos, por ese te amo que no dijimos, por ese taxi que no corrimos…para qué si eso pasa en las películas…y así vivimos…tristes, resignadas, recatadas para que cuando nosotras decidamos decir “no te quiero más” venga un tipo y te mate a puñaladas..
Por eso creo que por amor, todos, varones y mujeres, podemos dejar la vida y hacer las locuras más impensadas…el único límite es que el otro te diga que no te quiere…ahí es el momento de parar…uno sabe! Y obvio, que matar en nombre del amor, no es amor…Por eso digo por amor…
Elegí este título, porque me parece que las mujeres hemos sido resignadas a ese lugar, el de niños que necesitan protección y límites…como dice la canción que tan bellamente canta Joan Manuel Serrat “que eso no se hace, que eso no se dice, que eso no se toca…”.

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Acerca de Remalamadre

Mamá de dos
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